Sa Jambina, saboreando el mar de la costa brava

Saboreando el mar de la Costa Brava en el plato

Como podréis observar en los próximos post, hemos pasado unos días en la Costa Brava, concretamente en la localidad gerundense de Calella de Palafrugell.
Había estado hace muchos años y me quedó un recuerdo idílico, el sol, el mar, las calas, un grupo coral cantando habaneras al lado de la playa.

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Es una localidad que merece la pena conocer, aunque tiene muchísima más vida en verano. En invierno hay muchos bares, restaurantes y hoteles que permanecen cerrados hasta la temporada de veraneo. Además en esta época nos ha hecho bastante fresco. Pero de todas formas sigue siendo precioso. Hay un paseo entre Calella y la localidad limítrofe de Llafranc que es una verdadera maravilla.

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En mi opinión es una zona que tiene todas las ventajas de la Costa Brava: preciosas costas y mar parecido al vasco. Varios lugares que visitar en las proximidades: Girona, Palamos, Begur, Playa de Aro, Lloret de Mar, Cadaqués, Blanes…

Además concretamente Calella de Palafrugell es una localidad que no tiene la masificación ni los inconvenientes del turismo extranjero, sobre todo joven, que inundan otras localidades de la Costa Brava como Estartit, La Escala, Ampuriabrava. El turismo es interno, sobre todo catalán, lo que hace que disfrutes de Cataluña en toda su plenitud.

Una curiosidad, se dice que en uno de los pequeños hoteles de esta localidad Joan Manuel Serrat compuso su conocida canción “Mediterráneo”. La verdad es que sentarse en una de sus calas, viendo como los pescadores suben sus barcas a la playa es una gozada: “ Quizá porque mi niñez sigue jugando en tu playa y escondido tras las cañas duerme mi primer amor, llevo tu luz y tu olor por donde quiera que vaya”.thumb_259_fullwidth_big.jpeg

Bueno vamos a entrar en materia gastronómica, como decía no había muchos establecimientos abiertos, de hecho me habían recomendado un restaurante que se llama el Tragamar pero estaba “Trancat”, espero haberlo escrito bien porque sino Mia me va a corregir, porque como ella sabe catalá.

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A pesar de ello y paseando entre calles estuvimos fisgando en las cartas de los restaurantes que estaban abiertos y nos dio buen ojo uno que se llama SaJambina y la verdad es que hicimos pleno. Un restaurante muy recomendable. No es barato pero te garantizas probar las delicias de la zona, que creo que es de lo que se trata cuando vas a un sitio.

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Conseguimos una de las últimas mesas libres, supongo que al haber bastantes establecimientos cerrados pues nos juntamos en los mismos. El local me gustó en su decoración, te inspira tranquilidad y calma, todo lo contrario que los típicos sitios de turistas. Decoración sobria, con predominio de los colores claros, blancos y ocres. Las paredes cubiertas con estampas antiguas de Calella en blanco y negro.
Mesas amplias, espaciadas y que te permiten comer con intimidad y complicidad.
Te atiende el dueño del local con amabilidad y aconsejándote los platos fuera de carta y los productos de la zona. Para empezar pedimos un Tartar de Salmón que estaba espectacular, acompañado de alcaparras, rabanito y una salsa de guacamole. Con unos trocitos de pan casero tostado. Hasta la presentación era apetitosa. (20 euros).

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Como no podía ser de otra manera había que pedir unas gambes rojas de la zona. Hechas a la sal, estaban impresionantes. Estaban fuera de carta y como casi pasa con estas cosas no sabes el precio hasta el final, casi mejor. Media docena de gambas 38 euros.

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Como plato principal nos inclinamos por un pescadito de la zona, en concreto por uno que se llama quelet, es de la familia del besugo. Lo hicieron al horno con cebollita y patatas. Estaba muy rico aunque Mia hizo una buena apreciación porque algunas patatas estaban algo quemadas y no deberían ponerlas. Las raciones de pescado fueron abundantes, como el precio 62 euros el quelec.

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Para acompañar esta comida con sabor a Costa Brava que mejor que un rico cava. Le preguntamos al sumiller por algún cava distinto de los de la carta que eran de los habituales. El hijo del dueño os sugirió uno muy rico: MariaRigolOrdi Reserva. Muy recomendable, y a un buen precio 22 euros.

 

 

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En conclusión, un lugar muy acogedor y de alta gastronomía, eso si, algo caro. La comida nos salió por un total de 150 euros.

P.d: «Trancat» realmente no significa nada, por lo menos en Catalán. Mi querido Vincent se referia a «Tancat»; «Cerrado». Mia

 

 

 

sCarrer Bofill i Codina, 21, 17210 Calella de Palafrugell, Girona

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